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Al instituto Fernando de Rojas en el que estudia Kristo ha llegado una nueva compañera, Bea, a cuyo padre, Rodrigo, agente del CNI, han destinado para que luche contra las mafias del narcotráfico. Hasta unos días antes, Kristo estaba saliendo con Melissa, pero se ha cansado de ella y despechada decide quitarse del instituto y empezar a buscar trabajo. Su tía, Tina, asistente social que trabaja tres días a la semana en el instituto y que es una de las traficantes a pequeña escala más importantes del área metropolitana, mueve hilos para que Melissa entre como empleada del hogar en la nueva casa de Bea, y controlar de cerca los movimientos del padre. Kristo ya ha repetido un par de veces y siempre está al borde de la expulsión. Intenta controlar su carácter violento porque es quien vende las dosis de droga entre sus compañeros. La situación en su casa no puede ser más caótica: el padre en prisión y su madre, Úrsula, viviendo de ayudas sociales, del trabajo que le proporciona su hijo y de los pocos beneficios que le saca al kiosquillo que tiene montado en una de las habitaciones de su casa, situada en la zona humilde de El Palo, barrio conocido por sus fuertes contrastes sociales y económicos.
Tina tiene a tres infiltrados más dentro del instituto para controlar la situación al milímetro: el encargado de la cafetería, Toni, el conserje, Paulino, y un profesor de Humanidades, Rafa. El negocio marcha viento en popa sin levantar demasiadas sospechas hasta que empiezan a meter sus narices los agentes del CNI, en especial Rodrigo, el padre de Bea. A veces montan alguna fiesta en el club de alterne que regenta Tina en un polígono industrial. Es frecuente que empleen lo que llaman la pastilla del amor, una droga sintética que disuelven en un refresco y deja a las chicas como peleles par poder abusar de ellas.
El protocolo para la venta siempre es el mismo. Los clientes pasan por la clase de Kristo. Asoman, hacen una señal, entran por una puerta, depositan el dinero y salen por la otra puerta. El Palmeras y el Sempere, los secuaces de Kristo, lo apuntan todo en un papelito. Luego uno baja y deja la nota en Conserjería. Cuando llega el recreo Toni le pasa a Kristo un gran bocadillo y una bolsa de patatas: en su interior van las dosis. Luego, cuando le toca clase con Rafa, pide permiso para ir al baño. En una taquilla deja el estuche y coge otro igual. Rafa, además, es el encargado de crear muy mal ambiente entre sus compañeros por lo que las directivas no duran más de dos o tres años y la plantilla de profesores es muy inestable, con frecuentes bajas por depresión.
Kristo, los primeros días, no le presta mucha atención a Bea, pero una tarde, mientras pasea a su perro por la playa, Lucy, se la encuentra tomando el sol. Se encapricha de ella, sobre todo porque Bea se muestra un tanto altiva y distante con su minúsculo bikini y eso lo hiere profundamente en su orgullo. Le deja un porro sobre la toalla y se lleva su coletero. Iniciarán un alocado romane en el que todos los pasos fatales serán dirigidos por Tina.
Ahoj! Som Libroamiko, tvoj knižný radca.
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