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El libro se compone de una serie de artículos publicados desde 1990 en diversos ámbitos y por variadas circunstancias y un último texto escrito a raíz de la edición de este libro.
Quiero denominarlos transgresores porque rompen la idea típica y tópica que se tiene sobre la vejez considerada en líneas generales como una infravaloración y decadencia del conjunto de las capacidades personales, y, por otra parte, porque lo que se expresa puede ser considerado incorrecto según las creencias y normativas sociales.
En esta última incursión pueden destacar varios aspectos clave para entender el hecho de la vejez: Primero, que el envejecimiento es el resultado de la vida vivida anteriormente. Lo que hicimos en el pasado es la consecuencia del resultado presente, de nuestra vejez.
Esta consecuencia de la forma o estilo de vida desarrollada anteriormente, está determinada fundamentalmente, segunda clave, por la desigualdad social a la que estamos sometidos. La desigualdad social que parte notoriamente del poder económico de una clase social, de sus privilegios y condicionamientos sobre la mayoría de los ciudadanos, determina todos los ámbitos de la vida. Este estatus económico modela y condiciona a su vez todos los demás ámbitos: cultura, sanidad, educación, cuidado, y el modo o estilo de vida consecuencia de la calidad vejez. La vejez y el envejecimiento del rico no tiene nada que ver con la vejez y el envejecimiento del pobre. Gran parte de los tópicos e ideas preconcebidas sobre la vejez se asignan exclusivamente a los pobres. Por tanto, de aquí extraemos varias conclusiones: una, que el resultado de la calidad de la vejez es fundamentalmente social, no biológico; dos, que hay que modificar las condiciones sociales de vida, -las desigualdades económicas y sus efectos-para modificar la vejez; tres, que el mejoramiento de la calidad de la vejez radica en la prevención de sus efectos negativos, como debiera hacerse con cualquier