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Jugar a ser malos es un ensayo filosófico incisivo y provocador sobre uno de los grandes malentendidos culturales de nuestro tiempo: la idea de que los videojuegos violentos o moralmente incómodos empobrecen nuestra sensibilidad ética. Frente a esta visión simplista, el libro defiende una tesis contraintuitiva y exigente: que ciertas experiencias lúdicas ganan valor estético y moral precisamente porque nos confrontan con el sufrimiento, la culpa y la ambigüedad.
A partir del debate clásico entre ética y estética -de Platón y Aristóteles a Kant, Gaut o Noël Carroll-, el autor desarrolla la teoría del inmoralismo de Mathew Kieran aplicada al videojuego, entendido no como mero entretenimiento, sino como laboratorio moral interactivo. Aquí el jugador no observa el mal: lo ejecuta, lo decide y convive con sus consecuencias.
El libro analiza en profundidad títulos como Baldur's Gate 3, Disco Elysium, Spec Ops: The Line, The Last of Us Part II, Papers, Please o This War of Mine, mostrando cómo algunos juegos sustituyen la fantasía de poder por una estética de la incomodidad, donde el fracaso, la violencia y la pérdida generan reflexión en lugar de recompensa.
Lejos de moralizar o censurar, Jugar a ser malos propone pensar el videojuego como una forma contemporánea de tragedia: un espacio donde el jugador se convierte en testigo -y a veces responsable- del sufrimiento, y donde la experiencia estética deja una huella que no se borra al apagar la pantalla.
Este no es un libro para justificar la violencia, sino para comprender por qué ciertas obras nos perturban, nos duelen y, precisamente por eso, nos obligan a pensar mejor.
Un ensayo imprescindible para quienes quieran tomarse el videojuego en serio como arte, como experiencia ética y como problema filosófico.
Ahoj! Som Libroamiko, tvoj knižný radca.
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