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¿Será posible lograr un concierto universal entre las religiones, estableciendo unas leyes prácticas de convivencia de creyentes y no creyentes? Sería indispensable recurrir a leyes que respeten así mismo la carta universal de los derechos humanos adoptada por la Organización de las Naciones Unidas.
Fue el sabio Isaac Asimov quien, tras largas horas de reflexión sobre la inteligencia artificial, nos legó, en los dominios de una utopía futura, tres leyes para la robótica.
Si nos desvestimos de los prejuicios que tiempos anteriores han impuesto sobre nosotros desde sus contextos de rechazo, persecución, intolerancia e, incluso, éxtasis místico (revelaciones de visionarios y místicos), podremos adaptarlo a la creencia religiosa.
Estas leyes éticas adaptadas podrían servir como principios fundamentales para guiar la conducta de los creyentes en un mundo caracterizado por la intolerancia, alentando la empatía, la obediencia a las enseñanzas religiosas y la promoción de la paz y la unidad.
Primera Ley Religiosa: Un creyente no hará daño a un ser humano ni permitirá que otro ser humano sufra daño, y hará todo a su alcance por aliviar el sufrimiento ajeno según los preceptos de amor y compasión inherentes a su fe.
Segunda Ley Religiosa: Un creyente no causará daño a la naturaleza, ni a los seres vivos que en ella habitan del reino animal y vegetal, a menos que hacerlo resulte en una acción contraria a la Primera Ley Religiosa.
Tercera Ley Religiosa: Un creyente obedecerá las enseñanzas y mandamientos de sus libros sagrados, y de los preceptos impartidos por los líderes de su fe, a menos que seguirlos resulte en una acción contraria a la Primera y Segunda Ley Religiosa.
Ahoj! Som Libroamiko, tvoj knižný radca.
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