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EL DIOS QUE SANGRA
México, 1519. Hernán Cortés llega con quinientos hombres a destruir un Imperio. Uno de ellos no quería venir.
Don Nuño de Rivadeneira y Zúñiga es escribano real, falsificador de documentos y cobarde certificado. No busca oro ni gloria ni la salvación de ningún alma pagana. Pero en la isla de Cozumel roba un espejo de obsidiana que pertenece a Tezcatlipoca, el dios del caos, y desde ese momento su único problema deja de ser el dinero.
El espejo le muestra la verdad. No el futuro: la verdad, que es considerablemente peor.
Le muestra la matanza de Cholula antes de que ocurra. Le muestra el oro de Moctezuma brillando en el fondo de un lago. Le muestra su propia calavera con esmeraldas en las cuencas y cangrejos caminando sobre los párpados. Y le muestra, sobre todo, lo que está documentando: no el encuentro entre dos mundos, sino la destrucción metódica y perfectamente legalizada de uno de ellos.
Junto a él camina Ix-Chel-Can, sacerdotisa de Tlazoltéotl, que lleva en el vientre al primer hijo mestizo del linaje. Ella ya sabe todo lo que el espejo le muestra a él. Lo supo antes. Lo supo siempre. La diferencia es que ella no necesita un espejo para ver la verdad: viene de una civilización que lleva siglos mirándola de frente.
El Dios que Sangra es la Conquista de México narrada por un hombre que estuvo presente, documentó todo y firmó las actas de las matanzas con su letra más hermosa. El hombre que cuando llegó el momento de ser héroe eligió, coherentemente, no serlo.
Una novela sobre el poder, la mentira y la fundación de un linaje que nació falso y que por eso mismo fue el único verdadero.
Ahoj! Som Libroamiko, tvoj knižný radca.
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