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Un multiverso condenado, una pareja rota, una explosión que no solo desgarró la materia, sino también el sentido mismo de la existencia.
Así comienza esta historia: no con un nacimiento, sino con una pérdida imposible de medir.
Universos enteros colapsaron como recuerdos olvidados, y civilizaciones que alguna vez se creyeron eternas desaparecieron sin dejar eco alguno en el vacío.
Entre los restos de aquella catástrofe sobrevivió un solo testigo: Idark, un Demoryd, creador de universos, forjado de energía primordial.
No fue salvado por el destino ni por la fortuna, sino arrojado a la deriva por fuerzas que ni siquiera él comprendía del todo.
Arrastrado a la Matriz, Idark quedó atrapado en el último eslabón de una creación recién nacida, obligado a contemplar el surgimiento de un nuevo cosmos desde su primer latido: el Big Bang, las galaxias formándose, el tiempo aprendiendo a avanzar.
Pero observar no es vivir. Y la eternidad pesa incluso sobre los dioses.
Idark vagó como un espectador silencioso, buscando en el orden del cosmos una respuesta a su propio vacío.
Fue testigo de guerras que no detuvo, de mundos que crecieron y murieron sin saber quién los había soñado primero.
Rechazó ser un dios para los mortales, aun cuando podía rehacer la realidad con un gesto, y eligió en cambio aprender de ellos: de su fragilidad, de su esperanza, de su capacidad de amar aun sabiendo que todo termina.
En ese camino conoció la desesperación... y también la paz.
Comprendió que incluso el caos tiene un propósito, pero que toda creación necesita algo más que poder para sobrevivir: necesita guía, memoria y experiencia.
De las ruinas del pasado nació la última esperanza, una chispa frágil en medio del desorden absoluto. Sin embargo, el caos no puede salvarse a sí mismo.
Y así, cuando el mundo vuelve a tambalearse al borde de su destrucción, no será un héroe quien responda al llamado, sino un observador cansado, marcado por la pérdida, que ha vivido demasiadas vidas y enterrado demasiados universos.
Esta es la historia de Idark: no la de un salvador perfecto, sino la de alguien que, tras perderlo todo, decide quedarse... y guiar al mundo una vez más.