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Prologo:
Desde que Dios permitió ampliar el espectro de mi formación profesional desde las ciencias agrícolas hacia el desarrollo humano y social; he podido observar diferentes circunstancias en las cuales, las personas manifiestan determinadas conductas que son difíciles de explicar; en ocasiones estas respuestas están condicionadas por una serie de eventos que están archivados a nivel de nuestro subconsciente y que ante ciertos estímulos surgen desde el "fondo del baúl" y afectan el desarrollo transversal de nuestras vidas, impidiendo que podamos actuar o responder como nos gustaría, sino más bien como no nos gusta. Estas respuestas, generan conflictos internos que afectan nuestra forma de actuar no solo a nivel de relaciones interpersonales, sino que también a nivel espiritual.
En ese sentido, al igual que muchos con quienes he conversado, me he preguntado el por qué no logro alcanzar la coherencia entre mi conocimiento consciente, "lo que se"; y mi actuar inconsciente, "lo que hago"; y como el apóstol Pablo he compartido las cavilaciones de que "no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco" (Romanos 7:15; RVR 1960). Esta frase a nivel espiritual, por lo general manifiesta el conflicto interno de cada persona en querer hacer la voluntad de Dios y fracasar una y otra vez.
Sin embargo, del momento en el que inicié mi formación y perfeccionamiento como "Life Coach", me encontré con una forma de comprender el cómo actuamos y cómo podemos generar un proceso de transformación en nuestra forma de vivir... y si bien es cierto, en varias ocasiones he sido prejuzgado por cristianos más ortodoxos que ven en el coaching una amenaza; he encontrado en la Biblia el ejemplo del "más grande Coach" que jamás ha existido, y ese es nuestro Señor Jesucristo, con una metodología que permitía abrir las posibilidades de cada persona para alcanzar la plenitud que se perfecciona mediante la intervención del Espíritu de Dios.
Por lo tanto, quiero invitar a cada lector, a iniciar un recorrido que cambiará para siempre la perspectiva de sí mismo y de su relación con Dios; facilitando el acceso a herramientas que serán útiles tanto a nivel personal, como para ayudar a otras personas a conocer el poder transformador de Dios en sus vidas.
Desde ya deseo las más ricas bendiciones de Dios para quienes inicien el recorrido por las páginas de este libro, y que juntamente con la misericordia de Dios y la obra que su Espíritu puedan llegar a realizar en sus vidas lo que Dios siempre ha querido hacer.
Un gran abrazo,
Juan Carlos.